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Influencia de la temperatura en el doblado de metales

Tabla de contenidos

Comportamiento de los metales a diferentes temperaturas

La temperatura tiene un efecto significativo en las propiedades mecánicas de los metales, lo cual repercute directamente en los procesos de doblado o conformado. En términos generales, a mayor temperatura, mayor ductilidad y menor resistencia; a menor temperatura (especialmente en rango de frío extremo), algunos metales se vuelven más frágiles. Esto significa que un metal caliente se doblará más fácilmente, mientras que un metal muy frío puede agrietarse bajo deformación. Por ejemplo, cuando el acero se calienta, su límite elástico disminuye y su capacidad de elongación aumenta​, facilitando la operación de plegado. Al contrario, ciertos aceros a bajas temperaturas sufren lo que se llama transición dúctil-frágil: por debajo de cierta temperatura crítica pierden tenacidad y se comportan de manera quebradiza.

Doblado en caliente vs doblado en frío

La manera más obvia en que la temperatura influye es si plegamos un metal en caliente o en frío. Doblado en frío (temperatura ambiente) es lo habitual, pero hay situaciones donde se realiza doblado en caliente intencionadamente, calentando el metal. Al calentar, como se dijo, el metal se vuelve más maleable: por eso procesos como el forjado o el curvado de perfiles gruesos usan calor. En el doblado con prensa, a veces se precalientan piezas (por ejemplo, acero de gran espesor o titanio) para poder darles forma sin agrietar. La ventaja es que se logra deformar materiales difíciles; la desventaja es que el control dimensional puede complicarse y que el material al enfriar puede necesitar tratamientos para recuperar propiedades (por ejemplo, templar/revenir si se pasó de temperatura de recristalización). En contraste, el doblado en frío ofrece mayor precisión instantánea y no altera metalúrgicamente la pieza, pero está limitado por la ductilidad disponible a ambiente: si el material no lo tolera, habrá que recurrir al caliente.

Temperatura ambiente y condiciones de taller

No solo se trata de calentar o no deliberadamente la pieza; la temperatura del entorno también importa. En un taller normal, diferencias moderadas (10°C vs 30°C) no van a cambiar apreciablemente el doblado, pero condiciones extremas sí. Por ejemplo, en climas muy fríos, doblar acero estructural al aire libre a -10°C puede aumentar el riesgo de fisuras, porque el acero está cerca de su zona de transición a fragilidad (esto depende del tipo de acero; los aceros dulces tienen buena tenacidad hasta bastante bajo cero, pero aceros templados pueden agrietarse más fácilmente). Tanto es así, que códigos de construcción recomiendan precalentar ligeramente placas gruesas antes de curvar o soldar si están bajo temperaturas heladas. Del lado de la máquina, el aceite hidráulico de las prensas plegadoras se espesa en frío, lo que puede hacer los movimientos más lentos inicialmente hasta que se calienta con el trabajo; en calor extremo, al revés, podría perder viscosidad y afectar la consistencia de la fuerza. Por ello, muchos equipos tienen sistemas de climatización o se recomienda “calentar” la máquina con unos pliegues de prueba en la mañana.

Ejemplos prácticos de influencia de la temperatura

Veamos algunos ejemplos donde la temperatura juega un papel importante:

  • Curvado de tubos y perfiles gruesos: En la industria petrolera o de construcción, para doblar tubos de acero de gran diámetro (p. ej. tuberías de gasoducto) se suele recurrir al calentamiento por inducción en la zona de curvatura. Esto permite hacer curvas amplias en situ sin fisurar el tubo. El metal se calienta localmente, se dobla gradualmente y se deja enfriar controladamente.
  • Doblado de chapas en invierno: Imaginemos un taller que debe fabricar pletinas dobladas para una estructura en pleno invierno sin calefacción. Si el material es un acero grado 50 de alta resistencia, a -5°C es posible que alguna pletina muestre grietas en el borde externo tras el plegado, cosa que en verano no ocurriría. La solución sería precalentar esas pletinas quizás a 100°C (no hace falta ponerlas al rojo, solo quitar el frío intenso) antes de plegar para garantizar ductilidad suficiente.
  • Materiales sensibles a la temperatura: Algunos metales no férreos, como ciertas aleaciones de magnesio o titanio, prácticamente requieren conformado en caliente, porque en frío su ventana de ductilidad es muy estrecha. El titanio grado aeronáutico, por ejemplo, se suele conformar en caliente (~500-700°C) en prensas especiales, de lo contrario se agrieta. Aquí la temperatura no es solo influencia, sino condicionante del proceso mismo.
  • Recocido intermedio: Incluso en trabajos en frío, a veces se incorpora un paso de tratamiento térmico entre operaciones. Por ejemplo, doblar una pieza con múltiples pliegues en aluminio 6061 puede requerir un recocido tras los primeros pliegues porque el material se endureció y ya no daría el siguiente sin romper. Ese recocido devuelve ductilidad elevando la temperatura del material unos cuantos cientos de grados por cierto tiempo.

Control de temperatura durante el proceso

En ciertas operaciones de doblado, se implementan controles térmicos para mejorar resultados. Por ejemplo, en el estampado en caliente (hot stamping) de aceros avanzados para automoción, las chapas se calientan a ~900°C, se estampan y se enfrían rápidamente en el molde, combinando conformado con templado. Aunque ese es un caso muy especializado, ilustra cómo la temperatura se convierte en una variable de proceso. En la mayoría de talleres, el “control” es más rudimentario: si hace mucho frío, usar calentadores o hacer un precalentamiento de piezas críticas; si una pieza está saliendo con grietas, considerar aplicar calor. También se debe pensar en el post-proceso: una pieza doblada en caliente puede requerir desoxidación, limpieza o re-tratamiento térmico, lo cual debe incluirse en el plan de fabricación.

Conclusión: tener la temperatura en mente

En suma, la temperatura influye tanto en el material como en el equipo y el resultado final del doblado. La mayoría de los doblados se hacen en condiciones normales (en frío, ambiente templado) y no presentan problema. Pero cuando se acerca a los límites – materiales duros, ambientes fríos, piezas muy gruesas – la temperatura puede ser la diferencia entre un plegado exitoso y un fallo. Conocer cómo responde el metal a la temperatura (más dúctil caliente, frágil en frío) permite tomar medidas proactivas, como precalentar, ajustar velocidades, o simplemente esperar a que la máquina alcance su régimen térmico óptimo. Al diseñar procedimientos de taller, especialmente en exteriores o en invierno, incluir consideraciones de temperatura es señal de buena práctica. Por último, nunca olvidar la seguridad: trabajar con piezas calientes implica riesgos, y debe hacerse con las protecciones adecuadas. Integrando la variable “temperatura” en la receta del doblado, se logra un proceso más robusto y consistente frente a diferentes condiciones.

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